Queríamos “remover todas las trabas y cambiar al mundo de base”. El ideario del Che hinchaba los corazones. Desde la cordillera la voz de Violeta Parra traía la ilusión de un Chile socialista. Los trabajadores organizaban sindicatos “clasistas”, independientes de los burócratas de la CGT. Se imponían las asambleas, y las acciones directas como las ocupaciones de fábricas: Sitrac-sitram, Luz y Fuerza, SMATA. Los vientos del Cordobazo flotaban en las calles.
Los docentes éramos parte. En las escuelas cantábamos “a desalambrar” de Viglietti, o defendíamos a Piaget frente a las corrientes memorísticas en educación. Los estudiantes cuestionaban los contenidos de la enseñanza universitaria contra proyectos imperialistas.
Durante los últimos años de la dictadura de Lanusse, Mendoza, San Luis, Córdoba, San Juan, Chubut y Santa Cruz habían protagonizado importantes huelgas. El Mendozazo tuvo a los docentes como pilar: los domingos se debatía en asambleas con padres y alumnos un nuevo “proyecto educativo”.
Luchábamos por recuperar el salario depreciado por la inflación y por la jubilación [1]. Pero también por el presupuesto educativo, contra los peligros de privatización[2], por una Ley de Educación discutida democráticamente por docentes padres y alumnos y contra los peligros latentes de la Reforma Educativa resistida desde Onganía.[3]
Al calor de las marchas nació la necesidad de una organización gremial unitaria nacional. Los sindicatos eran aún un espacio de lucha y organización. En las provincias como Córdoba o Mendoza había sindicatos provinciales únicos y fuertes, que agremiaban a la casi totalidad de los docentes. En Capital Federal en cambio había 14 agremiaciones.
En Septiembre de 1973, en Huerta Grande nació definitivamente la Confederación General de Trabajadores de la Educación (CTERA). Había sido convocada por el Acuerdo de Nucleamientos Docentes (UMP, CAMYP, UEPC, entre otros) de inspiración socialista liberal, el partido comunista y algunos radicales con la Central Única de Trabajadores de la Educación (CUTE) impulsada por peronistas de izquierda y la corrientes trostkista morenista, entonces PST. Representaba aproximadamente a 240.000 docentes
CTERA pasaba a ser el organismo nacional de trabajadores de una misma rama más numeroso y con privilegiada repercusión sobre la vida política del país. La derecha desde La Nación editorializaba contra el sacrilegio: Los docentes eran apóstoles que debían trasmitir los valores del sistema y no debía permitirse que se confundieran con los trabajadores.
El gobierno peronista veía surgir un sindicalismo no disciplinado y buscaba hacer fracasar la unidad. Se desempolvaba la UDA (Unión de Docentes Argentinos) sindicato peronista afín al gobierno para contrarrestar el peso de CTERA
La Declaración de Principios, los Estatutos y los debates de Congreso fundacional marcaron el nacimiento de una confederación nacional diferente. Su declaración proponía no sólo la defensa de los derechos laborales docentes sino la lucha por una educación pública gratuita laica, obligatoria y se pronunciaba contra la educación privada.
Sus estatutos establecieron un régimen bastante democrático donde los confederales tenían representación proporcional según el número de afiliados de las entidades de base. Eran órganos consultivos de las bases. En la práctica se volvió resolutivo y los planes de lucha eran resueltos por mandato de base e impuesto a la Junta Ejecutiva para su ejecución. Esta no podía negociar con el gobierno sin su consulta. La Junta Ejecutiva era integrada por sistema D´Hont de representación de las listas propuestas.
En el Congreso fundacional uno de los debates centrales fue el nombre. Las corrientes profesionalistas que sobrevivían fueron derrotadas. La aprobación del nombre de “trabajadores de la educación” contra el de “docentes”, marcaba el quiebre en la tradición. El “apóstol” se sacaba el hábito y se sentía parte de la clase trabajadora que había empezado a marcar un camino independiente, democrático y de lucha desde el Cordobazo.
Al mismo tiempo en la nueva entidad sobrevivía la tradición laicista de defensa de la educación pública.
El Congreso sesionaba cuando llegó la noticia del golpe de Chile. Una de las mociones aprobada por la nueva entidad fue una campaña nacional de repudio al golpe pinochetista y de solidaridad con la resistencia popular. CTERA nació solidaria de los pueblos del mundo contra las dictaduras y el imperialismo. La iniciativa fue de corriente docente del entonces PST.
Sólo 3 años después el golpe se ensaña con ella. Marina Viltez (Jujuy), Requena (Córdoba), Arancibia (Tucumán) encabezan la lista de más de 6oo docentes desaparecidos Varios centenares son encarcelados y “prescindidos” (despedidos).
Mucho tiempo ha pasado desde entonces. Luego de la traición del Maestrazo del 88 por parte de los radicales, peronistas y comunistas que aceptan la conciliación con el gobierno de Alfonsín, la corriente Celeste logra el control casi exclusivo de la Central. Cambia sus estatutos a fines del 88, logrando verticalizarla al estilo de los sindicatos tipo UOM de Lorenzo Miguel. Se eliminan los confederales con mandato de base, las conducciones con proporcionalidad para las minorías y la Junta Ejecutiva pasa a “mandar”. En materia educativa cambia la oposición a la educación privada por el apoyo a la educación privada “popular”, es decir a las escuelas católicas o laicas de cuotas módicas, obviando la crítica por elitismo que había sostenido la CTERA que se oponía a la educación privada aunque defendía a los trabajadores de las escuelas privadas como tales.
Durante 15 años de reinado Celeste, CTERA va perdiendo su carácter independiente de los gobiernos de turno: Menemista primero, Aliancista y ahora Kirchenista. Durante la década neoliberal, la Celeste apoya la Ley de Transferencia de Escuelas, la Ley Federal de Educación y ante la presión de las bases termina haciéndole algunas críticas. Pacta la aplicación de un impuesto contra los propietarios de transportes para un “incentivo” salarial en “negro” en vez de oponerse a la estafa de la deuda externa y el festival de las AFJP.
Durante los años que siguieron, las provincias se desangran en paros provinciales mientras desaparecen las luchas nacionales. La TV pasa a ser el órgano de comunicación con los docentes, van muriendo las asambleas y en cambio los sindicatos de base de CTERA fortalecen perfiles de asociaciones de servicios clientelares sobre el anterior de organismos para la lucha. Paulatinamente se conforma en prolongación de la corriente política al que adhieren los celestes convertidos en profesionales del sindicalismo (algunos ya llevan 20 años sin trabajar en escuelas), lejos de aquellos jóvenes idealistas que se escapaban en la hora libre para recorrer escuelas durante los 70.
Los maestros de Neuquén hoy nos devuelven esa tradición. A ellos nuestro homenaje en el 30 aniversario de CTERA.
Bs. As, 11 de septiembre 2003
LAURA MARRONE (Delegada escolar en UEPC-CTERA Córdoba en 1973-Vicepresidente de la UMP-CTERA Ciudad de Bs As 1985-1989)
[1] El Art. 52 de la Ley 14773 (Estatuto del Docente) sancionada en 1958 establecía el derecho a la jubilación a los 25 años de trabajo, sin límite de edad y con el 82% móvil. Tuvo aplicación nacional hasta el año 68 cuando fue derogado durante el gobierno de Onganía. Se recuperó en algunas provincias luego del 73. Fue parte del pliego reivindicativo de CTERA hasta el ascenso de la Celeste a la conducción.
El art. 38 establecía el reajuste salarial cada 1ro de mayo automático de acuerdo al índice de aumento del costo de vida. Este artículo no se llegó a aplicar, pero formaba parte permanente de los reclamos gremiales.
[2] Bravo, Alfredo. Denuncia la existencia de 1.600 establecimientos privados y la entrega de subsidios a universidades católicas por parte del gobierno de Perón, lo que estaba prohido por la Ley de universidades privadas.
[3] El gobierno de Onganía quiso imponer una reforma educativa que establec+ia una estructura de niveles similar a la actual de la Ley Federal con la creación de circuitos diferenciados tempranos. Desde el primer ciclo de secundaria había derivaciones hacia formaciones profesionales que luego no podían acceder a niveles terciarios o universitarios. Fue resistida por estudiantes y docentes.
