Laura Marrone
Desde hace algunas décadas en la izquierda existe un debate entre quienes sostienen que en la disputa geopolítica en el mundo hay que estar del lado del campo de Rusia o China frente al peligro de la potencia hegemónica Estados Unidos. Así ocurrió durante la primavera árabe cuando en lugar de ver que el levantamiento de los pueblos contra las dictaduras nos reclamaba a su lado, muchas corrientes defendieron a dictadores sangrientos como Basser Al Assad de Siria porque estaba enfrentado a Estados Unidos. Mientras Rusia bombardeaba y destruía pueblos y ciudades enteras, tal como luego lo hizo Israel en Gaza, muchas corrientes de izquierda se negaron a estar al lado del pueblo sirio y conservaron un esteril posicionamiento neutral.
Cuando Rusia invadió Ucrania se reiteró la misma discusión. Gran parte de las corrientes de izquierda, herederas de un neoestalinismo, directamente apoyaron a Rusia. Otra gran parte apelaron al derrotismo revolucionario como si estuviéramos en un conflicto interimperialista al estilo de la Primer Guerra Mundial cuando Lenin y los fundadores de la Primera internacional llamaron a no sumarse a ninguna de las trincheras que enfrentaban a los diversos imperialismos europeos. La Unión Internacional de los trabajadores Cuarta Internacional (UITCI), corriente a la que pertenezco cuya sección en Argentina es Izquierda Socialista, no dudó un minuto en estar junto al pueblo ucraniano que resistia a los Invasores rusos.
Denunciamos la teoría de los campos que ubicaba a la izquierda en un lugar equivocado y convocamos a apoyar la resistencia del pueblo ucraniano al igual que el pueblo argentino lo hizo contra la potencia colonialista inglesa en Malvinas, independientemente del gobierno de la dictadura militar.
Algunas corrientes hermanas del trotskismo, incluso, llegaron a sostener que estábamos en Tercera Guerra mundial. Nuevamente la UITCI señaló el error que podría incluso llevar a desastres politicos pensando en que tendriamos que elegir entre un campo imperialista, Estados Unidos, y otro en el que supuestamente sobrevivirían formas del estado obrero en transición, sin ver que ya tristemente estan desaparecidos tanto en Rusia como en China y se han convertido en nuevos imperialismos.
La reciente postulación de Trump al fascista Orban de Hungría, como candidato a secretario general de Naciones Unidas y el posible apoyo de China y de Rusia es la prueba más contundente de que el mundo que vivimos no es el enfrentamiento militar entre las tres potencias imperialistas más poderosas de la Tierra en una hipotética Tercera guerra mundial. Por el contario, estamos en presencia de su alianza contra los pueblos a los cuales están dispuestos a someter a las más brutales de las miserias y destrucción para salvar al sistema capitalista en crisis y a su restauración en los ex estados obreros.
La trinchera de los revolucionarios es una y sin equívocos al lado de los pueblos que resisten la derechizacion imperialista como hoy en Brasil, su derecho a vivir como en Palestina, o de la recuperacion del interacionalismo socialista como la juventud francesa que canta la internacional en sus musicales movilizaciones.
