LA ESCUELA ISRAELÍ FRENTE AL PUEBLO PALESTINO

Laura Marrone*

El genocidio en curso en Gaza, y las matanzas extendidas ahora a Cisjordania y al Líbano no terminan de sorprendernos por su crueldad e impunidad. En las redes sociales vemos a soldados y soldadas israelíes pasearse entre casas destruidas, juguetes de niños y prendas de mujeres desparramadas entre los escombros, enarbolándolos como trofeos de guerra.  Las redes sociales ofrecen al mundo un genocidio televisado, público, impúdicamente mostrado, sin ningún tipo de remordimiento por parte de una generación de jóvenes que se sacan selfis y bailan sonrientes frente a este holocausto.

¿Cómo pudo conformarse una juventud que, comandada por generales y oficiales de un ejército invasor, llegaran a esta destrucción del otro y otra que yace bajo las ruinas de escuelas y hospitales?

Decía Chomsky, que una de las tareas previas de los estados que se preparan a una guerra es convencer a sus pueblos de la justeza de sus ataques, apelando a su deshumanización. Dos herramientas poderosas para esa tarea son los medios de prensa y las escuelas. En esta ocasión voy a detener la mirada en lo que hizo la escuela israelí para conformar la subjetividad de una generación que actúa en forma monstruosa.

Históricamente las escuelas han sido herramientas poderosas de los estados para conformar identidades nacionales y justificar relatos de poder. Lo hemos constatado en nuestro país con el relato con el que la escuela argentina justificó la matanza de pueblos originarios y su desposesión de la tierra hasta el presente y sostuvo como parte de la construcción de su nuevo estado en el siglo XIX.

Sabemos, además, que el currículo, en tanto recurso pedagógico, es una selección de conocimientos que opera con otra lógica que la disciplinar. Atiende a relaciones de poder, requiere recontextualización del qué y cómo enseñar y sostiene técnicas evaluativas que dependen de esos criterios.

En Israel, los textos escolares son una mezcla de discursos políticos, ideológico, militares, con profecías bíblicas y canciones patrióticas para sostener el dominio sionista.

Nurit Peled Elhanan[1], es una docente israelí, que ha hecho una investigación acabada de los libros escolares utilizados desde 1950 hasta 2010, En este minucioso estudio ha encontrado que durante esos sesenta años, los textos escolares (que, dicho sea de paso, solo pueden llegar a les estudiantes los expresamente autorizados por el Ministerio de educación israelí) responden al objetivo de formar en la justificación de la existencia del estado sionista de Israel, en un sentimiento de superioridad frente a los pueblos vecinos y en preparar soldados para la guerra contra los enemigos: los palestinos y los árabes en general.

En su libro habla de la “nueva Esparta”, recordando aquel estado griego cuyo objetivo era formar a su pueblo para la guerra. Efectivamente, los estudiantes israelíes egresan de las escuelas para ser soldados del ejército durante varios años y luego serán reservistas hasta los 40 años.

Los libros de historia

Enseñar historia, aunque responda a las particularidades de un discurso pedagógico, requiere apoyarse en investigaciones científicas, abrir el debate y ofrecer diferentes miradas. Las memorias, en cambio, son relatos que suponen la toma de posición desde un lugar que parte de definiciones ideológicas, políticas frente a los hechos. Peled sostiene que los libros de textos israelíes son etnocéntricos, prejuiciosos y racistas.

Tomando categorías de Van Dijk, Peled señala las diferentes estrategias de representación negativa del otro, por ejemplo, ignorando su existencia o ridiculizándola. Demuestra que en los textos hay ausencia de imágenes de palestinos y cuando lo hacen, los representan con caricaturas, vestidos con ropas tradicionales, subidos a camellos y a las mujeres sentadas en el suelo. Construyen así la representación de un pueblo atrasado y de mujeres sometidas. Las imágenes actuales de palestinos, en cambio, son presentadas como de terroristas.

Otra forma de reafirmar el etnocentrismo es quitando identidad propia al otro quien no es sino la negación del pueblo que se quiere destacar. Por eso, muchos textos hablan de judíos y no-judíos. Evitan hablar de palestinos o se los denomina genéricamente como árabes. El borramiento de la identidad de palestinos y palestinas acentúa la intención de quitar derecho a la tierra a quienes la reclaman, no en virtud de ser árabes, sino en calidad de habitantes históricos de la tierra llamada Palestina.

Sin embargo, no todos los habitantes de Palestina son de origen árabe, ya que ésta fue una colonización del siglo VII que se extendió desde la península arábiga. Palestina, voz que deriva de Filistin, estaba habitada desde antes por los filisteos, pueblo radicado en la costa del Mediterráneo conocido como Canaán en el Siglo XII A.C. Los filisteos disputaron territorio con las tribus hebreas que habitaban en el interior. En la época de los romanos este territorio se llamaba Falastina.

Los libros de historia de Israel ocultan este pasado e inventan un relato. Presentan un origen mítico tomado de la biblia, que se origina con Abraham venido de la ciudad de UR a la tierra prometida que, sin embargo, habitaban los cananeos. Luego, con los romanos que destruyeron el Templo 70 años D.C., se habría iniciado la diáspora. A partir de esa fecha, la historia israelí pone en paréntesis 2000 años de diáspora judía, y 1300 de pueblo palestino.

Abraham León[2], un judío anti-sionista, trotskista, que murió en los campos de concentración de Auschwitz, cuestionó esta versión sionista. Sostuvo que la diáspora judía se inició antes del 70 a raíz del papel de comerciantes que el pueblo judío e incluso los fenicios desplegaron a lo largo del mar Mediterráneo gracias a la ubicación geográfica del territorio que habitaban.  Localizados en la ruta entre la península arábiga, la India hacia el Mediterráneo y Europa, fenicios y hebreos se fueron especializando en el intercambio de productos entre unos y otros. 

Los libros de historia no pueden explicar por qué durante 2.000 años no regresaron y recién lo hacen a partir del siglo XX. Abraham León analiza que, con el desarrollo del capitalismo comercial en Europa, los judíos, a los que denomina pueblo-clase, fueron desplazados de su lugar de comerciantes a usureros y de éste a ser perseguidos por la nobleza y reyes endeudados y que esa fue la base del antisemitismo que se desarrolló ya en la Edad Media. El autor sostiene que sionismo de Teodoro Herzl a fines del Siglo XIX se asentaría en esta realidad para elaborar la propuesta del retorno a Palestina,” una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra”.

Los textos intercalan hechos históricos verdaderos con mitos. El mito judeocristiano del paraíso perdido se mezcla con el mito judío del retorno a una tierra perdida viniendo desde tierras lejanas luego de 2000 años que, sin embargo, no conocían.  Los palestinos, en cambio, piden el derecho al retorno a una tierra cercana, de la cual algunos fueron sus habitantes hace no más de 70 años.

La escuela israelí destaca el día de la Independencia en 1948, lo que para los palestinos es la Nakba, voz árabe que significa catástrofe, que es cuando se acrecienta el proceso de expulsión de 750.000 palestinos a partir de la instalación del Estado de Israel debido a las resoluciones de la ONU. La expulsión es presentada como producto del fracaso de la dirigencia árabe que no acogió a los palestinos en sus países y los resultados de la guerra provocaron que se fueran. La “huida” es explicada como una tragedia que no tiene responsables, es algo del destino. Culpan a los estados árabes por no recibirlos. Sostienen que, si ellos pudieron rehabilitarse con la instalación en Israel, ¿por qué no pudieron los palestinos rehabilitarse en las naciones árabes? “Ellos huyeron, dejaron sus casas y tierras, tenemos derecho a ocuparlas”.

En algunos textos estas huidas son presentados como elecciones, «algunos volvieron, otros no«. La masacre de Deir Yassim de 150 personas en 1948 provocó la huida de muchos campesinos aterrorizados. Algunos textos la mencionan, pero como un acto clandestino de una facción de ultraderecha, no como parte de un plan de limpieza étnica. Sin embargo, los textos reproducen declaraciones de autoridades del gobierno de entonces que señalaban que “fue positivo pues permitió judaizar el territorio”. Historiadores judíos como Ilan Pappé, han documentado cómo hasta se envenenaban los pozos de agua para provocar la huida de los pobladores.[3] Al calor del genocidio hoy en Gaza, estas cifras resultan pálidas y dan cuenta de cuanto se ha agravado el problema.

Los textos sostienen que el “problema palestino” surgió porque los gobiernos árabes se negaron a recibir a quienes huyeron, abandonaron las tierras y casas donde habitaban a partir de 1948. Refieren a la OLP como grupo que desarrolló el nacionalismo palestino, y lo transformó en un problema para Israel, una amenaza.

Explican el surgimiento de la nacionalidad palestina como producto de las malas condiciones de vida de los refugiados pobres que contrastaría con el mayor bienestar de los árabes israelíes, y que los arrojaron en brazos de la lucha rebeldes. Israel presenta a los palestinos como parte de los árabes y su solución nacional está en otra parte, en los países árabes (Peled, 92-94)

Así por ejemplo dos historiadores, Bar Navi y Nabeth refiriéndose a la nacionalidad palestina como un problema sostienen: “A medida que pasaron los años, el odio, la alienación y el deseo de venganza, y el deseo de retorno, todos exacerbados por la propaganda árabe, fusionaron a los refugiados en una sola nación y transformaron el problema del refugio en un problema internacional.”[4]

La Intifada no se menciona o se lo hace al pasar, como un hecho que sorprendió sin dar explicaciones de sus causas. Algunos textos muestran niños que tiran piedras, pero no se ven imágenes de los poderosos tanques militares del otro lado de las piedras. Refiriendo a la situación actual de los palestinos algunos señalan «Sus tierras están disminuyendo» lo que aparece como fenómeno autodirigido y no resultado de la colonización forzosa. 

Peled acusa que los textos escolares de historia abandonan la verdad histórica tanto bajo los gobiernos de derecha como los de izquierda de Israel. Señala que son peores que los de 1950 que fueron escritos por europeos que llegaban sin conocer la historia. Ahora los archivos son accesibles y no hay excusas. Son conscientemente fraudulentos para justificar la perspectiva sionista-israelí militar.

Los libros de geografía

Los libros de geografía son pilares de la construcción de identidades nacionales. Los mapas mentales son fuertemente ideológicos. Por ejemplo, los occidentales muestran a Europa en el centro, al hemisferio norte resaltado, al sur desplazado. Son representaciones del poder de un estado y de relaciones geopolíticas.

En la escuela israelí, la cartografía es una de las herramientas para grabar en la mente de las nuevas generaciones el derecho a la tierra que se promete desde la biblia y la historia. Por ejemplo, el mapa con rosa de los vientos en el territorio y las siguientes frases bíblicas al costado, da veracidad divina a la justificación de la posesión de la tierra de los palestinos:

«Y tú te extenderás el oeste y hacia el este, hacia el norte y hacia el sur”. 

del Genesis (28:14)

 «Y yo estableceré tus límites desde el mar de SUF (Rojo) hasta el mar de Pelistim (las costas meridionales del Mediterráneo hasta el río)»Del Éxodo (23:31)

«Todo lugar donde pise la planta de tu pie, será tuyo…desde el río Praht (Siria e Irak) hasta la mar postrera será tu límite». Del Deuteronomio 11:24(Peled, p.164)

La exclusión de los palestinos es obvia desde las imágenes. Imponen la idea de periferia a los pueblos árabes. Las aldeas árabes no están representadas. Existen aldeas árabes dentro del estado de Israel que figuran como «no reconocidas”, no construyen redes para su conexión con el resto del estado, algunas solo en 1970 recibieron luz y agua. En cambio, sí son representadas colonias judías cercanas. (Peled, p.167).

Las referencias históricas de asentamientos señalan a Rusia y al «lejano Yemen” como origen de muchas migraciones, siendo que éste está más cerca que Rusia, dando cuenta de una valoración de jerarquías, incluso dentro de la propia migración reconocida como hebrea. (Peled, 179)

Los mapas reafirman las conquistas coloniales de Israel sobre el pueblo palestino y muestran límites que legitiman las conquistas militares aun no reconocidas internacionalmente. Por ejemplo, desconocen la cláusula que establecía el derecho a retorno de 70.000 refugiados en el acuerdo de la ONU de 1947. En cambio, muestran el resultado de la guerra de 1949 legitimando límites que no fueron reconocidos.

Respecto al mapa post guerra de 1967 desconocen los reclamos de devolución de las alturas de Golán y de la Rivera Occidental del Jordán, incluyendo esos territorios dentro del Estado de Israel. Cambian nombres palestinos por bíblicos como Judea y Samaria. La religión sirve para justificar una narrativa que legitima la enseñanza de una tierra divina. (Peled, p163)

El mapa post acuerdos de paz de Oslo desconoce los límites acordados y coloca la figura de dos soldados en el borde superior armados, apuntando a Siria y al Líbano. (Peled, p. 168)

Además de los límites del Estado de Israel señalados, los textos hablan de la Tierra de Israel que incluyen desde el Sinaí, sur de El Líbano, Siria e Irak. La Tierra de Israel es, entonces, un objetivo a lograr. En esa dirección, y actualizando a hoy, el Centro de Educación de Israel trasmitió el 23 de setiembre, días antes de la ofensiva sobre el Líbano, que éste es un estado fallido, donde no habría gobierno y por tanto EE. UU. y Occidente deberían unirse para reestablecer el orden. Muestra imágenes satelitales donde indica supuestos asentamientos militares de Hezbollah. Este Centro, reconocido por el Ministerio de Educación, operó como el auxiliar educativo en las escuelas de la ofensiva militar actual del gobierno israelí sobre El Líbano. [5]

Los derechos de los unos y no de los otros

Los textos escolares justifican como algo dado la legislación que impide a las nuevas generaciones palestinas en el Estado de Israel construir casas a las que consideran ilegales y las demuelen. La ley del ausente, por ejemplo, autoriza la apropiación de las casas de los que “huyeron”, y además no les reconocen el derecho al retorno. No cuestionan que el 20% de la población israelí-palestina solo tenga acceso al 3,5% de la tierra ni el proceso de reclusión a guetos que sufre la población árabe. Desde 2004 tampoco pueden arrendar una casa por lo que están condenados a vivir hacinados generación tras generación. Los judíos sí pueden construir en terrenos estatales, incluso lo hacen con colonias que hoy inundan con 500.000 colonos israelíes el territorio de Cisjordania.

La agricultura palestina es presentada como retrasada, con palestinos que aran con animales frente al progreso occidental de la agricultura judía. Los judíos son el progreso, los árabes el atraso.

Las muertes por masacres de palestinos son presentadas con cifras despersonalizadas, no hay individuos, ni caras dolientes, en general identificadas como terroristas. Las muertes de judíos están individualizadas, humanizadas y son víctimas. El derecho al retorno es para los judíos que provienen de una identidad única hebrea bíblica y no para los palestinos.

Los textos educan en el temor al enemigo árabe y al antisemitismo que reina en el mundo. El discurso antiárabe anti musulmán evoca gentes sucias, terrorismo, opresión a la mujer, fundamentalismo. Todo lo árabe es negativo. Lo cristiano y Occidente son más positivos. Se educa en la visión de que hay que judaizar la sociedad porque los árabes son un peligro.

¿Qué es Israel?

En Palestina, historia de una colonización, Zadunaisky y Fanjul[1], caracterizan al estado sionista de Israel como el resultado de la estrategia del imperialismo de Occidente para establecer un enclave en Medio Oriente frente al desarrollo del nacionalismo árabe acrecentado en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial. Su objetivo habría sido actuar como gendarme contra revolucionario del imperialismo en el mundo árabe. Lo habría hecho bajo la cobertura de una reparación al doliente pueblo judío pobre que había sufrido el holocausto, sobre la base de desconocer la preexistencia del pueblo palestino en esas tierras. No habría de solucionar el problema del antisemitismo que sufría el pueblo judío y provocaría la catástrofe que hoy vemos agudizada.

Durante 70 años, las escuelas israelíes no educaron para la paz y su mensaje permanente fue destacar el peligro árabe que rodea al estado sionista y preparar a las nuevas generaciones para la guerra. Los textos escolares sirvieron para beneficio de una política expansiva de Israel,  Los diferentes ministerios de educación, de izquierda o de derecha, legitimaron sólo aquello que servía a la verdad del poder basada en la censura. (Peled, p.320)

Los textos no son investigaciones históricas disciplinares sino narrativas de propagación de una memoria colectiva.  Tienen un tono autoritario, que no invita al debate, que no admite dudas, las narrativas palestinas son silenciadas. Sus dolores y miserias no se muestran. (Peled, p.328)

Los estudiantes aprenden discursos políticos, a presentar interpretaciones como hechos, aprenden los discursos del poder. La verdad oficial la aleja de la investigación científica de las disciplinas.  Nunca inculcaron la búsqueda de la paz entre ambos pueblos. Realzan el racismo y la segregación. Las generaciones actuales desconocen otra verdad que la relatada por esta escuela. 

Peled acuña el término de etnocracia para explicar el carácter del estado israelí. Estado que otorga derecho de ciudadanía a todo aquel judío que arriba a la tierra prometida y que posee como derecho histórico por su supuesto origen hebreo. Etnicidad que es construida a partir de un mito ya que se trata de personas que provienen de etnias y países diferentes como son las esquenazis, semitas, druidas, etíopes, caucásicas y rusas, entre otras.  Sin embargo, serían ciudadanos israelíes por un mítico origen hebreo común.  

Una encuesta en 2010 dio cuenta de un crecimiento del racismo entre los jóvenes: 82% estudiantes religiosos y 39% seculares: creían que a palestinos no debía garantizarse derechos civiles ni ser electos para el Knesset (parlamento israelí). Este crecimiento, según la autora, sería producto del trabajo que hicieron las escuelas.

La categoría de etnocracia de Peled, a quien reconocemos un gran aporte para la comprensión de lo que ocurre en Israel, no alcanza, sin embargo, para comprender la dinámica a la que ese estado llevaba y explicarnos el presente genocidio. Nahuel Moreno, político trotskista, por su parte, en la década del 80, había caracterizado a Israel como un estado nazi, pues llevaba como propósito la limpieza étnica de otro pueblo. Según Moreno, esa era la dinámica a la que conduciría el capitalismo en su crisis decadente para dividir el mundo en una raza de esclavos explotados y otra de ricos que vivirían en la opulencia del trabajo de los primeros. Esto, si no lográbamos derrotarlo mediante la revolución socialista. Moreno sostenía que la lucha democrática del pueblo palestino por sus derechos abría el camino hacia esa perspectiva. Convocaba a la unidad de los pueblos del mundo en apoyo al pueblo palestino.[2]

Luego de 70 años, el estado sionista ha generado una sociedad que asusta por su capacidad de crueldad. Apostemos a que docentes como Nurid Peled Elhanan, los judíos, que en la Palestina ocupada, Israel, y en el mundo, se levantan contra este genocidio, sean cada día más. Apostemos a que las escuelas en la actual Palestina ocupada, Israel, en Cisjordania, Gaza, Líbano y Medio Oriente, en cambio, promuevan la derrota del sionismo. Redoblemos esfuerzos para lograr el alto el fuego y el cese inmediato del genocidio en curso en Gaza y Cisjordania y la invasión a El Líbano.

Existe una salida y es retomar la propuesta fundacional de la OLP de un estado único, laico, democrático y no racista donde convivan musulmanes, judíos, cristianos, ateos, drusos, palestinos con derechos plenos, igualitarios y de respeto mutuo. Ese estado debe comenzar por reconocer el derecho a retorno de los palestinos a su tierra. (Zadunaisky, p.119)

Quienes sostenemos esta perspectiva, luchamos para que sea en el marco de la construcción de una sociedad socialista donde las bases de su economía permitan disfrutar de los bienes producidos de acuerdo con la necesidad de todos y cada uno, cuidando la naturaleza para las generaciones futuras, en una federación con sus estados vecinos.

*Docente, integrante Izquierda Socialista y del Comité argentino de Solidaridad con el pueblo palestino. Las propuestas del último apartado no comprometen al mencionado comité que es un organismo de unidad de acción por el Alto el fuego en Palestina y los derechos del pueblo palestino.

Buenos Aires, 30 de setiembre de 2024


[1] Ver Peled Elhanan, Nurit (2016). Palestina en los textos escolares de Israel. Prólogo de Carolina Braco. Bs AsEdito, rial Canaán.

[2] León, Abraham. La concepción materialista de la cuestión judía. https://www.fundacionfedericoengels.net/index.php/9-colecciones/clasicos-del-marxismo/81-la-concepcion-materialista-de-la-cuestion-judia-a-leon

[3] Pappe, I. (2011): The Ethnic Cleansing of Palestine, edición en ebook, Oneworld Publications.

[4] The 20th citado en Peled pag. 244

[5] https://israeled.org/hezbollahs-presence-in-lebanon/

[6] Zadunaisky, Gabriel&Fanjul, Roberto. Palestina, historia de una colonización. Bs As, Ediciones El Socialista, 2008.

[7]Ver Moreno, Nahuel. Israel, estado nazi en Zadunaisky, Gabriel&Fanjul, Roberto. Palestina, historia de una colonización. Bs, As, El socialista, 2008.pag.105

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Acerca de Laura Marrone

Licenciada en Ciencias de la Educación (UBA) Trayectoria laboral: Profesora de Enseñanza Superior (2012-2018) Maestra (1984-2012) Cajera de venta de hamburguesas (París 1981-1983) Mucama de hotel (París 1981) Empleada en fábrica metalúrgica (Madrid 1979-1981) Bibliotecaria (1971-1976) Trayectoria política Fue Secretaria de Asuntos Pedagógicos de Ademys (2010-2013) Vicepresidente de UMP-CTERA (1985-1989) Exiliada política por estado de sitio (1979-1983) Militó en la Liga Socialista de los Trabajadores de Francia y en el movimiento de los inmigrantes sin papeles de París Militó en Comisiones Obreras de España, en la rama metalúrgica en Getafe, España. Fue expulsada de España durante el Tejerazo. (1981) Presa política de la dictadura (1976-1979) Delegada de nivel superior en la UEPC-CTERA- Córdoba (1973-1976) Delegada estudiantil en la Facultad de arquitectura (1971-1973) Ingresó a la corriente morenista a la cual perteneció hasta la actualidad 1971-2018 en sus diferentes organizaciones. PRT-La Verdad (1971-1972, PST (1972-1983), MAS,(1983-2004) Izquierda Socialista (2011 y sigue). Militante del movimiento tercer mundista del catolicismo en Córdoba (1969-1971) Escribió libros de texto para el nivel primario y secundario para Estudios Sociales y Formación Ciudadana. 2022 Autora del libro Memorias de las luchas por la educación (1943-1976) publicado por editorial CeHuS Artículos sobre política educativa.

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