CONTEXTO NACIONAL DEL “MAESTRAZO” (88) Facultad de Filosofía – 2008
¿En qué contexto nacional e internacional se inscribe la huelga docente? Tal es el aspecto que me ha tocado desarrollar en este encuentro
Un gran historiador, Imanuel Wallerstein dice que miramos la historia con los ojos del presente. Y nuestro presente es el post-2001 donde el levantamiento popular provocó la caída del gobierno y puso en cuestión los planes neoliberales de la última década que sostuvieron tanto los gobiernos radicales como peronistas.
Pero también un post-2001 donde las numerosas luchas que hubo no lograron imponer una nueva alternativa política a los gobiernos y sus cuestionados planes.
Desde un presente internacional donde ha desaparecido la URSS y China hace su carrera acelerada a una economía capitalista. Donde en fin, el capitalismo que logró sobrevivir a través de lo que se ha dado en llamar la globalización avanza sin embargo hacia nuevas crisis económicas y de formas de dominación que intenta tapar con nuevas guerras como fue la ignomiosa invasión a Irak.
Es desde ese presente que miramos la huelga docente del 88. Un huelga que se dio en momentos en que Gorbachov y Reagan hacían su reunión cumbre en la URSS para pactar el proceso de transición a la incorporación de Rusia al mundo capitalista, sellando el curso de degeneración que el otrora Estado Obrero Ruso. Momentos también donde Reagan apostaba tropas de hasta 10.000 integrantes en la frontera de Honduras con Nicaragua para amenazar a este país y por añadidura a Panamá con quien disputaba la continuidad del control del canal.
En mi intervención voy a tratar de fundamentar por qué considero que esta heroica huelga de 42 días que unió a la población entera contra el plan económico del gobierno de Alfonsín, al ser derrotada fue el punto de inflexión de las luchas sociales de la década del 80 y preparó el advenimiento del triunfo neoliberal de los 90.
La huelga docente puede ser considerada un punto de inflexión entre dos etapas de la vida política de nuestro país. La etapa que se abre luego de la derrota de Malvinas en año 82 y el regreso al orden constitucional y la etapa justamente de la llamada década neoliberal de los 90.
La derrota de Malvinas provoca un resultado contradictorio en el plano democrático por un lado y en el plano político y económico por otro.
EN el plano democrático acelera el curso ya decadente de la dictadura militar y el retorno a un régimen constitucional. Fue una etapa de grandes luchas democráticas que hasta hoy continúan y que provocaron algunos cambios estructurales en nuestro país como es la casi desaparición de las Fuerzas Armadas como factor de poder político en la vida nacional. Ningún otro país del cono sur tuvo un recambio institucional con tan profunda crisis en su aparato militar.
Baste mirar a Chile donde Pinochet mantuvo el control de la política nacional hasta hace poco tiempo. O acaso podemos mirar a España, donde el post-franquismo logró detener cualquier proceso republicano instalando en pleno siglo XX a un rey, y una corte sin juzgar a ninguno de sus asesinos.
Pero por otro marca una derrota política y económica frente al imperialismo mundial representados en este caso por Inglaterra y EEUU del que pocas veces sacamos conclusiones.
La derrota de Malvinas jugó a favor del control político y militar del imperialismo en el la región y operó como un factor subjetivo en la conciencia de la época en el sentido de nuestra debilidad para enfrentar al imperialismo. Esto facilitó que a través de los organismos internacionales el imperialismo siguiera imponiendo ahora a los gobiernos constitucionales de la nueva era latinoamericana planes para trasladarles la crisis de sus economías capitalistas abiertas en el 74 mediante los conocidos mecanismos financieros de creación de la deuda externa.
Durante la propia huelga docente el banquero Cambdesus, presidente del FMI viaja a Argentina para exigir al gobierno de Alfonsín el cumplimiento de los planes acordados con su ministro Sourruille en el verano de ese mismo año.
Esto es que se iniciaría un proceso de capitalización de la deuda por el cual, dado que Argentina, entregando casi el 22% de su presupuesto nacional en el 87 no había logrado pagar ni siquiera la totalidad de los intereses de la deuda, debía comprometerse a pagar con bienes de capital.
Es decir tenía que privatizar sus empresas, “vender la joyas de la abuela” como decía un viejo radical. La disputa no es sólo por ENTEL y Aerolíneas Argentinas. También se discute la privatización de las cuencas petroleras, las empresas petroquímicas, las Líneas marítimas del Estado.
El otro mecanismo para obtener fondos era reducir los gastos del estado mediante la disminución de empleados y la baja de salarios a través de los mecanismos inflacionarios, hoy reanudados bajo la era K.
Este mecanismo había producido una caída del salario real docente de 43% tomando como referencia el año 81 y de 17% del conjunto de los trabajadores tomando el año 87. La inflación había sido de 188% en el 87 y ese año 88 rondaba el 15% mensual.
La huelga transcurría en momentos en que los telefónicos, entonces estatales en ENTEL hacían su marcha de 20.000 compañeros el 17 de abril contra la entrega a las empresas extranjeras que estaba propiciando el gobierno y en contra de su propio Secretario General del sindicato de telefónicos, Guillán que acababa de acordar con Rockefeller la conveniencia de la privatización.
Se da también en el marco de las denuncias de los petroleros contra el Petroplan por el cual el gobierno cedía a las empresas transnacionales (SHELL, EXXON; etc) la extracción del petróleo ya hallado por YPF y en las plantas ya instaladas. En cambio podrían quedarse con el 80% de sus beneficios y dejaban al estado el 20% restante.
Es decir, mientras la docencia resistía la ofensiva contra el salario y se transformaba en la voz de todos contra este aspecto del plan económico, existía una oposición, luchas y marchas de los sectores estatales contra la privatización, la otra cara del plan y de la entrega.
Esas luchas sin embargo no tenían un cauce que las unificara a nivel nacional. Los 13 paros generales de Ubaldini no fueron para organizar y fortalecer la lucha por la derrota del plan sino para desgastar al movimiento y poder acordar sus propios espacios de poder con el gobierno radical.
El propio paro nacional de la CGT en solidaridad con la huelga docente, se da en momentos en que la CGT presionaba contra la reforma de la ley de asociaciones profesionales que promovía el radicalismo.
Por eso la lucha docente adquirió un significado cualitativamente diferente a todas las existentes hasta entonces. Si bien no afectaba a un sector productivo o no expresaba a los núcleos duros de los trabajadores industriales, tenía un peso nacional social y político.
Más de 8.000.000 de estudiantes sin clases durante 42 días alteraba la vida de todas las familias y por tanto la de la clase trabajadora que debía llevar los chicos a sus trabajos o no tenía donde dejarlos.
Pero además, su carácter activo hizo de cada docente un agente multiplicador de la campaña contra el plan económico. Cada docente entregaba cartas a las familias explicando que la lucha era de todos y lograba su apoyo.
Así la lucha de un gremio de servicios se había convertido directamente en política y afectaba la estabilidad del plan económico del gobierno. Y es desde ese lugar desde donde tenía la potencialidad de convertirse en un catalizador del descontento más general que se expresó en la huelga general del 14 de abril.
La huelga finalmente no se termina a nivel nacional por desgaste propio, sino por la maniobra del gobierno nacional radical en acuerdo con los gobiernos peronistas de las provincias y de las respectivas ramas gremiales de radicales y peronistas en CTERA para cerrar el curso abierto.
La crisis de la conducción histórica de CTERA, había permitido filtrar el descontento nacional. Dejo para mi compañero Roberto profundizar este aspecto.
Señalo solamente que la huelga no termina en derrota porque las bases no quisieran pelear o por desgaste, descontando la situación de capital que paró 18 días en solidaridad con las provincias y habiendo sufrido el descuento de todo el mes de marzo
Quienes conducíamos los sindicatos de la CTERA (A) desde partidos de izquierda no nos transformarnos en un referente nacional al calor de la propia huelga, que pudiera desafiar la maniobra legalista de la conciliación obligatoria en un país que recién regresaba al régimen constitucional y hacía de lo que se presentara como legal, aunque no lo fuera, un valor.
La huelga se termina y derrotada porque no logramos vencer la traición de la conducción de CTERA a manos de GArcetti que acepta el acuerdo radical-peronista de terminarla sin ni siquiera retroceder en los descuentos especialmente realizados en secciones que dirigía la izquierda como capital.
Todos, el gobierno nacional, los gobiernos provinciales peronistas, la CGT y la propia lista Celeste de la CTERA necesitaban no sólo terminar con la huelga sino también derrotando al ala sindical de los partidos de izquierda que habían logrado tener peso nacional en la más grande lucha de la época y tenía potencialidad de trascender a otros gremios.
Luego vendrán en forma sucesiva las derrotas de la huelga telefónica que culmina con la aceptación de la privatización a manos de las empresas que en forma monopólica hoy las controlan.
La derrota de la larga huelga de los ferroviarios que permite la posterior privatización de los servicios de trenes y el desmantelamiento de estas redes nacionales de transporte.
La derrota de los trabajadores de Aerolíneas que termina con su privatización a manos de IBERIA la empresa española que provocó su vaciamiento.
La derrota de los trabajadores petroleros que termina con la privatización de los pozos y la expulsión del circuito productivo de miles de trabajadores del sector y la muerte de sus pueblos como fueron Cutralcó en Neuquén o…… en el norte
Sólo la privatización de la banca quedó inconclusa en el plan neoliberal y eso será motivo de otro espacio analizar los por qué.
La era neoliberal también sufrirá la resistencia con 8 paros generales aunque distanciados en 5 años de gobierno. Pero ya estamos en presencia de conflictos que no logran nunca volver a tener la fuerza nacional que logró el maestrazo.
Finalmente, como integrante de una de las corrientes protagonistas de esa huelga, la corriente de docentes del MAS histórico, creo que puedo y debo esbozar un balance subjetivo de nuestra actuación.
Creo que nuestra corriente tuvo centralmente un programa correcto de defensa de la democracia, de la participación de las bases que resumíamos en una consigna que nos identificaba que era “que la base decida” Este programa que casi llevamos a la categoría de principio nos permitió empalmar con un sentimiento bastante fuerte en la sociedad de entonces que era reacia a toda forma de autoritarismo o burocratización.
Esta fuerte tendencia tenía que ver no sólo con el regreso a un régimen constitucional, sino también con el proceso internacional que se había abierto de cuestionamiento a las formas burocráticas que habían adquirido los estados del este durante el siglo XX.
Nuestro programa fue sin lugar a dudas nuestro gran acierto. Por eso supimos enfrentar con firmeza y claridad el proceso de burocratización de CTERA. Y creo sinceramente que en ese sentido fuimos una corriente valiosa que aportó al gremio docente.
Al mismo tiempo, sin embargo no éramos una corriente madura ni experimentada ni insertada a nivel de las conducciones provinciales de CTERA y menos aún en una confederación nacional. Compartimos la dirección de CTERA con otras corrientes como sectores radicales y del partido comunista sin llegar en realidad a conformar una nueva dirección de CTERA.
Los radicales nos abandonaron en el camino por orden de su partido salvo honrosas excepciones como los radicales de Santa Fé. Y el partido Comunista sufría internamente una crisis en su sector docente que culminó luego de la huelga en el traslado casi masivo de sus principales dirigentes tanto de UMP como de ADEMYS al peronismo y a la lista Celeste.
Esa realidad nos llevó a encontrarnos con una CTERA que desde el primer día de la huelga ya no funcionaba. Por eso no pudimos contrarrestar el peso del aparato de estado y de los medios volcados a sustentar a Garcetti.
Los principales errores de nuestra corriente sin embargo ya se empezaban a esbozar en esa misma huelga. Sufrimos un proceso autoproclamatorio que nos impidió ver las limitaciones de nuestras fuerzas y nos llegó especialmente a posteriori de esta huelga a actuar con soberbia respecto del activismo independiente, dificultando la conformación de verdaderos procesos de construcción de una nueva dirección.
El MAS crecía y eso nos obnuvilaba, no veíamos que, sin embargo ese crecimiento no debía confundirnos sobre los límites de la realidad y sobre la dialéctica de nuestra propia construcción con la de la construcción de una vanguardia que pudiera cimentar la democracia en el gremio y por ende irradiarse al resto de la clase trabajadora del país.
Tal vez la huelga se hubiera perdido igual, pero su saldo fue más grave aún pues si esta deformación autoproclamatoria y sectaria no hubiera calado en nuestra actividad cotidiana, tal vez de esa misma derrota hubiéramos podido fortalecer una corriente nacional que continuara la disputa nacional contra la celeste de CTERA y por su recuperación.
Una corriente que transformándose en una opción no solo sindical sino política construyera la alternativa de emancipación de los trabajadores del yugo imperialista y las formas capitalistas de explotación. En fin nos faltó la capacidad de trabajar con otros.
