Relatos mi vida militante para el libro LOS RASTROS DEL SILENCIO – MST

vanesagag@hotmail.com

Entrevista a Laura Marrone

(Desgrabación de la entrevista para el libro Rastros del silencio que me realizó Vanesa Gagliardi. MST en 2006)

Empiezo a tener ganas de participar de las luchas sociales y políticas a partir del Cordobazo. Yo era una estudiante secundaria y presencié las marchas de los obreros hacia la ciudad, obreros que venían de la Kaiser. En la ciudad se encontraban con las columnas de los estudiantes. Miraba desde una lomita que había en mi barrio y me impactó. Venía de una familia de clase media que tenía su futuro asegurado. Pero esas marchas de los obreros que iban todos juntos y que parecían que tenían algo… una fuerza… Algo porqué luchar, ¿no? Los estudiantes que estaban en las calles habían tomado con barricadas la ciudad y fue un hecho social que impactó mucho. Y eso me hizo salirme de mi clase y sentir que había un lugar en otro lado para pelear. Yo venía de una militancia cristiana de los movimientos tercermundistas y de pensar que a través de la Iglesia, o del accionar individual se podían cambiar las cosas. Y el Cordobazo me hace pensar que estaba planteada una lucha de otro tipo, que era social, que era colectiva y que pasaba por cambiar la estructura de la sociedad. Y bueno ahí empecé a buscar porque no tenía dónde, y mi núcleo familiar no me daba puntas hacia la izquierda. Más que desde un punto de vista ético si querés, porque era una familia muy solidaria, muy sentida en lo social.

Ingresé en la universidad y allí empalmé con las luchas estudiantiles contra el ingreso irrestricto y me hice activista por el derecho del ingreso a la universidad sin condicionamientos. Y lo ganamos. Y a partir de allí comencé a tomar contacto con los distintos grupos de izquierda y como mi proceso, en un sentido era muy racional, primero estudié todos los grupos políticos y terminé adhiriendo al PRT “La Verdad” después de una selección muy profunda. Porque adherir al PRT en el año ‘71 era ir en contra de la corriente, porque en Córdoba las corrientes más fuertes eran las corrientes guerrilleristas. Así como en Buenos Aires lo eran las corrientes peronistas. Entonces entrar al PRT “La Verdad” era ser un bicho raro. Además, porque era un partido que en ese momento planteaba dar la batalla en las elecciones cuando el punto central que unificaba a todo el activismo obrero y estudiantil era la consigna “Ni golpe ni elección, revolución”.

Pero a mí me sedujo el partido por su solidez ideológica, por su ética y por su audacia política. El primer punto fuerte, fue comprender que había un socialismo con democracia, es decir, entender el trotskismo, quién era Trotsky y también la propuesta crítica de los países del este. Eso fue un gran placer, entender que el socialismo era posible, que eso que conocía el mundo, era una deformación, no era eso el socialismo. El común de la gente tenía de Rusia la imagen de la represión, de los gulags. Después me definió esa frasecita tan remanida de Marx que dice que “la liberación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos”, en esa época fue una luz para mí, porque la vanguardia era sustituista. Y como “la clase obrera estaba tan atrás, había que hacer la revolución por ellos”. Imagínense, los jóvenes de mi edad que tenían ganas de hacer cosas estaban dispuestos a dar la vida por eso y yo tenía amigos que te decían “chau” y ya no los veías más. Pero entender que había un trabajo paciente, gris, como decían los compañeros, para que sea el propio trabajador quien tomara en sus manos el destino me hizo tomar también una definición en relación a la guerrilla.

Y después, la audacia política. Porque en ese momento, por ejemplo, haber sido parte de la resistencia peronista desde el ‘55 cuando la mayoría, es decir, cuando había que estar al lado del trabajador y estar siendo parte de un proceso real de contradicción con el imperialismo y luego enfrentarlo en el ’73, cuando la moda era que todos los sectores anteriormente gorilas se sumaban al carro de Perón fue de una gran honestidad y audacia política. Porque en el ‘73 el único partido que se animo a decir “Candidatos obreros y socialista; porque éste viene a jodernos” fue el único partido que en el año 55 estuvo al lado del peronismo. Y eso a mí me sedujo mucho desde lo ético, porque era fácil hacerse peronista, era fácil sin convicción incluso. La mayoría era filo peronista e incluso se enojaban porque nosotros presentábamos nuestros candidatos.

Después me sedujo la audacia política de ser los primeros que apoyamos la revolución cubana en América Latina cuando Fidel toma el poder en Cuba y la mayoría de la izquierda incluso el Partido Comunista no los apoyan y luego es el partido que dice, frente a una izquierda latinoamericana que silencia las críticas al castrismo, que eso no es el socialismo que queríamos. Eso me sedujo por la audacia y me sedujo por la ética, porque sentís que en caso de que algún día llegáramos al socialismo había mucho terreno conquistado, no garantizaba, pero conquistado. Por eso me puse a militar.

 

Bueno, y a partir de ahí, digamos, empezaste a militar en la universidad, ¿Dónde militabas? ¿En qué estructura? ¿Cómo era?

En la universidad en ese momento estábamos en pleno proceso de cambio [de planes] de estudio. Arquitectura de Córdoba era uno de los pilares de la reforma a los contenidos. Se había hecho una experiencia inédita aún hoy. Se perdió esa experiencia, pero planteaba una reforma de la educación porque era una educación total que incorporaba una integración de todos los años y tenía que ver con un intento de vincular al estudiante universitario con la producción. En nuestro caso, de proyectos urbanos para los trabajadores. Nos vinculamos a los obreros de la FIAT que estaban en Sitrac-Sitram entonces e hicimos un relevamiento de los barrios, de las necesidades y de la vida social y proyectábamos hipotéticas transformaciones de los barrios en función de una comprensión social de la urbanidad y de la construcción de la vivienda a nivel individual. Yo me acuerdo que había debates. “¿Cómo hacemos los patios?” “Y, se tienen que comunicar” decíamos. Era todo un replanteo. Era una facultad vinculada. En nuestra facultad la relación obrero estudiantil era una cosa cotidiana. Nosotros estábamos acostumbrados a levantar las clases para ir a una fabrica donde intentaba entrar la policía. Era una forma de vida. Era una lucha obrero estudiantil real. Y después me metí a trabajar en docentes como maestra y ahí permanecí hasta ahora. Dejé la carrera.

 

¿Y las actividades? ¿Cómo eran?

Vamos a pegar un saltito al ‘75. El ‘75 fue un año clave del partido y de la situación política nacional. El movimiento obrero estaba haciendo su experiencia con el peronismo. Ya murió Perón. Están Lopez Rega y la Isabelita gobernando y las tres A están haciendo estragos. A nosotros nos matan al principal compañero de Córdoba, Cesar Robles que era nuestro dirigente, nuestro fundador. Pero en Córdoba se da una situación particular porque por un lado la burocracia peronista no era tan fuerte. Córdoba había sido el lugar del clasismo cordobés, Sitrac-Sitram, de Tosco, Salamanca. Tosco había muerto hacía poco y Salamanca creo que ya estaba en la clandestinidad y entonces queda una camada nueva de activistas en las fábricas en Citröen, en Fiat, en Perkins, en estatales, en las cuales el partido tenía una gran influencia porque se había ido ganando el respeto a partir de, por un lado de las batallas contra el propio peronismo y segundo por la comprensión de que la lucha era política. Y que dar la lucha política como lo habíamos hecho nosotros en el plano electoral nos había permitido entrar en la cabeza de un sector importante de la clase trabajadora no solo a nivel sindical como fue la experiencia de Sitrac-Sitram sino que empezaba a debatir con los trabajadores de que los trabajadores tenían que participar en política. Que el petiso Páez saliera en televisión hablando con doctores… hoy nadie se sorprende que un obrero sea candidato. Pero entonces los obreros no eran candidatos, los obreros estaban para ser columna vertebral, como había dicho el general. Y el partido había sembrado una cosa nueva: que los obreros podían sentarse a una mesa a hablar con unos abogados y discutir bien. Y eso había provocado un replanteo en la vanguardia obrera respecto a que su lugar no era sólo la lucha sindical.

Nosotros en el año ‘75 teníamos un peso, digamos, muy grande en la vanguardia de las fábricas con mucho diálogo, teníamos corrientes sindicales muy importantes y delegados en las fábricas más importantes y un diálogo muy bueno con el conjunto de la vanguardia. Y en Córdoba la CGT había prácticamente dejado de ser un referente y se había constituido una coordinadora de obreros en lucha donde estaban las internas o los delegados. Por ejemplo en FIAT había quedado un compañero, porque habían despedidos a casi todo el activismo, Tony Páez (que era sobrino del Petiso Páez) que era un pibe jovencito que tenía en su memoria y en su familia el orgullo del Petiso y de una gran convicción y una gran fuerza. Este compañero se subió a una máquina y paró la fábrica él sólo. Y entonces todo el Sitrac-Sitram era uno, ya no existían más el Sitrac-Sitram del movimiento obrero organizado y Tony… Tony era una leyenda. En él todos los viejos obreros veían la continuación de toda esa vanguardia que había quedado excluida. Y esta coordinadora de lucha comienza a disputar en el Rodrigazo movilizaciones y paros por fuera de las estructuras gremiales tradicionales, por fuera de la UOM. El SMATA estaba intervenido y se decidían los paros en una coordinadora de gremios y paros que estaban parando una ciudad, no una fábrica y los docentes también nos estábamos sumando a eso y sectores estatales importantes al mismo tiempo que en Buenos Aires se formaban las coordinadoras de zona norte que expresaban un fenómeno parecido de enfrentamiento a la política del gobierno nacional.

Nosotros nos reuníamos en casas de familia. Yo me acuerdo que el 23 de marzo a la noche estuvimos discutiendo la convocatoria a una huelga general en la casa de Marita González. Era una pelea. La podíamos ganar o perder. Nosotros estábamos dispuestos a ganarla en una situación muy despareja. Ese era el grado de desarrollo que había llegado a tener las acciones de alternativa en el movimiento obrero.

 

¿Como maestra antes del golpe, donde había un clima denso, como lo viviste? ¿Tenías directivas de qué cosas enseñar, cuáles no?

En Córdoba, la izquierda tenía un peso fuerte en la educación. Pensá que alguna facultad había cambiado los planes de estudio. Intentan, ahí la represión era muy grande, en el ‘75 la mayoría de los dirigentes históricos está preso o murió. Córdoba había vivido el Cordobazo y el Viborazo. El peronismo no tenía mucho peso. La derecha no tenía mucho peso. En realidad los espacios de debates y de lucha política en la universidad era muy fuerte. La ola Ivanisevich yo no la viví en Córdoba. El movimiento cultural era muy fuerte, de grupos de teatro en los barrios, de los festivales. Cualquier festival tenía una canción política, alguna reivindicación.

Recuerdo el año ‘73 recorriendo la ciudad de Córdoba con un parlante repudiando el golpe en Chile. Agitábamos una lucha internacional. No era una consigna para la vanguardia estudiantil. Era una consigna para las masas. Yo iba con un parlante diciendo “Abajo el golpe, solidaridad con las coordinadoras de los cordones industriales en Chile porque la resistencia continúa”. Y manteníamos una especie de radio en los barrios explicando cómo marchaba esa resistencia ¿Uds. se imaginan si yo ahora me paseo con un megáfono en solidaridad con la resistencia iraquí? Era una vanguardia muy fuerte. El primer congreso de Ctera en el ‘73 en Córdoba, en Huerta Grande, toma como primer resolución una moción de una compañera nuestra, de solidaridad con la resistencia contra la dictadura. Eran fenómenos sociales. La expresión musical era propositiva no solo de protesta.

Las trotskas éramos una cosa rara. La vanguardia, la izquierda argentina era machista. Nosotros fuimos una vanguardia ideológica por ser internacionalistas. Nosotros nos metíamos en las discusiones de los partidos de los EEUU y Europa, los debates de la mujer y la homosexualidad. La izquierda argentina vernácula era machista, era homofóbica. Yo en la cárcel tuve que discutir con las montos que ser homosexual no era un delito. Llegué a consensuar, para que no segregaran a las compañeras que eran homosexuales, que era una enfermedad. Hoy resulta ridícula esta discusión, pero yo me acuerdo, que mi punto de consenso para que no las censuraran, era que era algo que estaba más allá de la voluntad. La izquierda argentina era vernácula en materia sexual y en las cuestiones de género. No por nada la primera candidata mujer de la historia en la argentina fue Nora Ciaponni, que fue candidata a vicepresidenta. Nosotros fuimos el primer grupo que empieza las cuestiones del feminismo. Trajimos a Linda Jones. Trajimos a dos o tres feministas a la argentina vía al SWP, al que estábamos muy ligados. Inauguramos los movimientos feministas en la Argentina. El primer núcleo precedente de la CHA, que ellos lo cuentan en su historia, el único partido que tenía hecha la discusión en su seno, del derecho de los homosexuales de ejercer libremente su opción sexual era nuestro partido y lo decíamos públicamente. En el año ‘73 éramos el único partido que tenía candidatos homosexuales. Éramos una de las pocas agrupaciones que teníamos dirigentes mujeres. Eso fue un legado de nuestro internacionalismo, no fue un merito nacional.

El hecho de ser parte de un movimiento internacionalista nos hacía crecer en la comprensión de las cosas mucho más que los grupos peronistas o de la izquierda nacionalista, y menos el stalinismo que era profundamente represor en sus relaciones personales. Pero yo creo poder decir con orgullo que he tenido una vida social y de pareja sumamente libre. Y la dictadura también fue un retroceso para nuestro partido, porque somos seres humanos que formamos parte de esta sociedad. Cuando yo vuelvo de mi exilio, una de las cosas que más me llamó la atención fue como la represión había provocado un cierto repliegue de las mujeres en la vida social y de pareja en la vida del partido. Que después se revirtió con una acción conciente en la era de la democracia. Pero fue una expresión. Siempre Marx decía que la situación de la mujer era una forma de medida del desarrollo en la sociedad. Y yo creo que podemos decir con orgullo que fuimos un núcleo humano que, en cierto sentido, empezó a gestar formas de… sin ser sectas, porque nosotros teníamos que vivir la contradicción de ser parte de un mundo que todavía muchas cosas no las veía. Pero intentábamos tener una forma de relacionarnos integralmente y sin hipocresía dentro del partido también. Y eso se expresaba en la vida pública, porque éramos la única agrupación que tenía dirigentes mujeres.

Éramos muy alegres y nos divertíamos muchísmo. Nosotros al final de las reuniones de equipo se discutía el pic-nic, a dónde íbamos el domingo. Porque como Córdoba tiene la ventaja de estar cerca del río, la discusión era a qué lugar del río íbamos. Hacíamos una vida social muy rica. Teníamos un compañero que tenía un colectivo, y lo traía y ahí nos íbamos todos a bañarnos en el río, y hacíamos muchas fiestas.

Y después, las escuelas de cuadros terminaban con obras de teatro. Al final de cada escuela había una fiesta, que consistía en preparar una obra de teatro. Cada equipo tenía que preparar algo. Yo participé de escuelas en las que hemos hecho cosas divertidísimas.  Por ejemplo, yo hice una escuela clandestina en una casa quinta en la Provincia de Buenos Aires, en el año ’75. Y éramos como 80 los que hacíamos la escuela, pero nadie se podía dar cuenta que había tanta gente en la casa. Por más esfuerzo que hacíamos, había momentos en los que había 4 bolsas de basura inmensas en la puerta, y no había vecino que no mirara sospechosamente eso. Cuando pasábamos por las ventanas, nos teníamos que agachar, para que no nos vieran. Y salíamos al patio por turnos. Pero claro, cada vez salía uno distinto, con lo cual los vecinos no se quedaron muy convencidos de que ahí no pasaba nada. Y cuando nos reíamos, porque después de varios días de encierro te venía una necesidad de reirte de la histeria que tenías, nos reíamos golpeando dos dedos, para no hacer mucho ruido. Entonces, hacíamos teatro. Esa casa, era la casa de una compañera, cuya madre había vivido muchos años en Europa y tenía un vestuario… como si fuera de Doris Gray, lleno de trajes antiguos, ya pasados de moda, de los años ’60, sombreros y muchas cosas más. Y nosotros hicimos la Historia de la revolución rusa, con todas sus clases sociales, con trajes, y todo eso. Era como un desfile de modelos. Esas cosas eran muy divertidas. A veces eran imitaciones de los cursistas y de situaciones donde parodiábamos las características de los compañeros. Otras eran sumamente elaboradas. Como una vez que vino una compañera de Italia, del partido italiano, y la disfrazamos de dialéctica. Era muy hermosa ella. Y la vestimos de blanco, y conversaba con Marx, con Hegel y con Feuerbach. Entonces eran las tesis de Feuerbach en un café. Y la dialéctica se peleaba, porque todos la interpretaban distinto. Y uno la ponía patas para arriba, y así. Eran esas tesis representadas en un debate. Otra vez, hicimos la historia desde el comunismo primitivo, hasta el capitalismo avanzado. Éramos muy divertidos…

 

La vida en las cárceles

La solidaridad con los presos era un mandato del partido rodear de solidaridad a los presos. A mí me iba a ver mi hermana a la cárcel, y ella también era militante, por lo tanto ella también se arriesgaba. Y ella nos iba a visitar y nos llevaba la palabra del partido. Teníamos un código para transmitirnos la información, que era la analogía con la familia. Entonces, el abuelo era el gobierno, la abuela, la burguesía, el tío el partido, nuestro padre, el movimiento obrero, y nuestra madre la internacional. Porque nosotros hablábamos a través de un vidrio. Y después, yo tenía que transmitir eso a las compañeras que estaban esperando la caracterización política del partido sobre la situación política. Entonces nuestros diálogos eran “El abuelo anda bastante mal. Sí, porque parece que la abuela no le está dando mucha bola”, y eso quería decir “El gobierno no anda muy bien, porque la burguesía está abriéndose”. “Y el tío está bastante bien… porque está entrando en el mercado. Pero de mami no tuvimos noticias”. Conversaciones que después yo tenía que escribir en una hoja de cigarrillo, y ahí tenía que traducir lo que había sido el informe de la semana. Lo envolvíamos en un papel plateado, eso lo envolvíamos en un nylon, y eso formaban los “caramelos”. Y los caramelos eran pasados de un pabellón a otro, de un piso a otro por medio de las compañeras que iban a otro pabellón de visita, o las que se encontraban en el patio, o se veían en el médico. Y así lográbamos que se enterara otra de otro piso de la información. Y si no, lo mandábamos por pesca, que era a través de los inodoros. Como los caños de los inodoros de los seis pisos que tiene Devoto estaban conectados, y todas las letrinas van a un caño común. Entonces todo el penal estaba comunicado por ese método. Esa era una acción en común con el resto de las otras corrientes que estaban en el penal. Se convenía un día y una hora, y ahí empezaba la pesca. Se metían, en un tarrito de detergente cortado, los mensajes envueltos en papel de nylon. Se los tiraba por la letrina y con el mismo envión de agua, el que estaba abajo tenía otra soga con pedazos de plástico cortados. De esa manera, se enredaban los mensajes cuando caían. Y entonces se sacaba lo que había mandado todo el piso de arriba. Y así estaba conectado todo el penal.

Otra forma de comunicación eran los “noticieros”. Había un pabellón que podía tener los diarios, entonces, hacían las síntesis y se las iban pasando a otros. Éramos 800 nosotras, pero lográbamos que las noticias fueran pasando de un lado a otro.

El problema era cuando había que conservar alguna cosa. Porque uno tenía que conservarlas adentro del cuerpo. Y había que airearlo todos los días, y acordarse de que estaba adentro.

Había mucha solidaridad con cartas, con visitas, con apoyo a las familias que lo necesitaran, porque había familias más necesitadas que otras.

La mayor parte de la composición de la cárcel era la guerrilla o simpatizante de la guerrilla. Y ellos consideraban que la cárcel era parte de la resistencia en la lucha armada. Y además creían que estaban en la ofensiva final. Entonces tenían que acompañar la ofensiva de los cuadros de ellos afuera con una resistencia. Entonces tenían delegados del ERP y de Montoneros en el penal, que eran compañeras muy valiosas. Pero políticamente su sustituísmo de las masas había llegado a un nivel de tragedia, porque los estaban exterminando afuera y ellos adentro de la cárcel creían que estaban en la ofensiva final. Entonces gestaban experiencias de enfrentamiento con el penal que provocaban un desgaste muy grande. Nosotros pensábamos que la cárcel no era un lugar para la ofensiva, sino para preservarnos sanos, estudiar. Y mantener la integridad moral de las compañeras para que después pudieran salir y seguir militando. La prueba está en que la mayoría de esos sectores cuando salió no siguió militando, porque fue un choque muy grande. Nosotros teníamos discusiones que trasladaban a la cárcel los distintos puntos de vista de lo que había sido más profundas después.

Eso no negó que hubiera experiencias de convivencias muy lindas, donde se compartía todo. Eso se llama “economato”, todo lo que llegaba se ponía en un pozo común, todas las provisiones. Incluso la ropa, cuando a una le llegaba ropa de más, las compartía. Hasta compartíamos las cartas. Y cuando llegaban las cartas, la alegría era de todas “carta, carta, carta!!!”. Como la poesía de Miguel Hernández, que era un autor muy leído en la cárcel, y quizás porque estuvo preso, nos identificábamos mucho: “…y aunque bajo la tierra, mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra, que yo te escribiré”. Las cartas eran un pedazo de vida. Yo me acuerdo que había una mamá, una señora muy mayor, “Cachita”. Y estaba presa porque su hijo había sido un dirigente del PRT, aunque ya lo habían asesinado. Y el marido ya había muerto. Y ella estaba sola, y la seguían teniendo presa porque era una manera de castigar a los dirigentes del ERP. Cachita no tenía a nadie que le escribiera, y venía de una familia aristocrática. Ella tenía sus collarcitos de miga de pan, y sus pulseras de macramé que se hacía con los hilos de las toallas. Y ella me decía “Laura, tu mamá es una señora. Vení que te quiero escuchar las cartas”. Y entonces mi mamá siempre le mandaba saludos. Humanamente fueron experiencias muy lindas, de compartir y de apoyar mucho a… es decir, los compañeros que no tenían familia no estaban solos. Tenían la cuestión material, y también la cuestión afectiva.

Se festejaban los cumpleaños. Eso era sagrado. Todo se hacía con tres ingredientes: leche en polvo, azúcar y pan. Y con eso hacíamos maravillas: budines, tortafritas… En algún lado se había conseguido una cepa de yogurt, y esa cepa se reprodujo por años en Devoto, y constituyó un yogurt propio. Y claro, se pasaba de un lado al otro… La comida era muy aburrida. Y solamente podíamos tener refuerzo familiar de leche, azúcar y queso.

Yo me acuerdo que murió Chaplin, y yo me había enterado, porque nos había llegado algo envuelto con un diario que tenía esa noticia. Y creo que iba a ser la primavera. Y para mí, eso era algo que había que festejar. Entonces preparamos un teatro de Carlos Chaplin. Nosotras teníamos una hora de recreo por día. Y esa vez iba a ser en un patio interno. Entonces, los 8 pabellones teníamos combinado que al fondo, que había un pabellón al que las “bichas” (que eran las celadoras de la cárcel) no iban porque estaba muy lejos, íbamos a hacer el teatro. Y durante casi 15 días yo tuve armarme el traje, porque yo iba a ser Chaplin. Hicimos los zapatos con engrudo, que se hacía con miga de pan diluida y con diarios. Yo se los adjunté a mis zapatitos, y los pintamos con betún, porque eran muy pocas las cosas que nos dejaban tener. No teníamos pintura. Teníamos una compañera que era lisiada, que fue la que me prestó el bastón, y el sombrero lo hicimos con engrudo. Días estuvimos haciendo eso… Y después me tenía que maquillar. Y el problema era cómo salía maquillada de mi pabellón y llegaba hasta el otro sin que las bichas me vieran. Y llegó el momento que iba a ser el recreo, y yo estaba toda maquillada, y el resto estaban todas sentaditas en sus camas cubriéndome. Y entonces llega la bicha y dice “A dónde está Marrone”. Y yo estaba en las letrinas escondida, pintada para ser… Me levanto de la letrina. La bicha estaba casi enfrente mío. Cuando me vio, le dio tanta risa, porque además cuentan las chicas que era una caracterización perfecta, que se fue y no me denunció. En otro momento me hubieran llevado al calabozo, yo una vez estuve quince días en el calabozo. Y dijo “Sin hacer ruido, eh?”, y se fue. Ni siquiera le dijo a sus compañeras. Y llegamos hasta allá y lo hicimos, y salió un sketch precioso porque participaron muchas chicas. Claro, después me costó mucho que dejaran de decirme “Carlitos”, y en la cárcel no es muy bueno que te digan así.

Después festejábamos la navidad. Cada pabellón hacía su arbolito de navidad. El nuestro fue el más lindo, porque hicimos una decoración inmensa. Estuvimos juntando papeles de cigarrillos como por tres meses. Y nos demandaba tanto esfuerzo guardar todo para preparar las fiestas, y esconderlo para que las bichas no lo vieran, que así se nos pasaban los años dentro de la cárcel.

Cómo sería la solidaridad que se gestaba adentro, que muchas veces las compañeras que salían en libertad, después nos escribían diciéndonos que extrañaban la cárcel. Porque, claro, salir afuera era perder la vida social. Y nosotras no teníamos problema de andar ocultando nuestras ideas. En todo caso, no las hacíamos tan públicas, pero más o menos discutíamos. Yo hice un curso de historia del trotskismo para las compañeras, otra dio un curso de marxismo…

Yo, por ejemplo, aprendí francés ahí, con compañeras que me daban clases de francés. En una época tuvimos libros que venían de la biblioteca del penal. Y había libros que habían quedado de la época de la guerrilla, la época del gobierno constitucional. Pero como el bibliotecario no era muy culto, nosotros podíamos leerlos: Principios elementales de Filosofía de Politzer, por ejemplo. Ese circulaba por un montón de pabellones.

Yo aprendí mucho de abogacía de una compañera que había sido abogada en Villa, que se animaba a hacer los Habeas Corpus. Yo salí en libertad por un habeas corpus que me hice yo misma. No era fácil la lucha legal, entonces nosotras nos hicimos auto habeas corpus, y como nosotras ya estábamos presas, no teníamos problemas de seguir nuestras causas hasta la Corte Suprema. Porque el problema estaba en que a la gente la amedrentaban, para que no siguieran las causas hasta la Corte Suprema.

Y llegamos a la Corte Suprema y logramos que nos de la libertad. La primera camada que logra eso, fue la mía de presas a disposición del Poder Ejecutivo, que no tenían causa ni proceso y que logran la libertad. El habeas corpus que lo logra es uno hecho por esta compañera, que nos aconsejaba y asesoraba.

 

La pelea por formar la Coordinadora de Villa Constitución

Esto es muy importante, porque permite entender la pelea en el ’75. Porque nosotros en los equipos del ’76 discutíamos que había dos posibilidades: o que el movimiento de masas lograra derrotar el plan del gobierno, o que venga un golpe de estado. Pero no puede continuar así, el gobierno de Isabel está en el aire, se tiene que definir. Nosotros no fuimos periodistas de la historia, sino que jugamos y apostamos a que se pudiera dar vuelta el Golpe. No es que no lo caracterizábamos. Lo que pasa es que nosotros no existíamos para ser comentaristas, nosotros estábamos casi en la semiclandestinidad. Ya casi los locales no existían, por eso no es que al otro día del Golpe nos agarran a todos. Pero para entender por qué los conflictos y las direcciones clasistas fueron siendo derrotados una a una, hay que remontarse al ’74.

Villa había dado una gran pelea donde el partido tiene una gran participación. Pero después de eso, nosotros proponemos formar una Coordinadora de Gremios en Lucha a nivel nacional, que desafíe a la conducción de la CGT, la conducción del movimiento de base. Porque a nivel de las principales fábricas, la dirección estaba en manos de corrientes clasistas o de izquierda, o de peronistas de base, peronistas de izquierda. Montoneros tenía mucho peso. Entonces, el hecho de que todavía no se hubiera podido tomar la conducción de la CGT, no quería decir que no hubiera un doble poder a nivel sindical, o quizás más. Había lugares donde la burocracia no podía pisar. Y de lo que se trataba era de ver que el proceso de enfrentamiento era tan grande, que si no establecíamos una coordinación a nivel nacional, nos iban a derrotar uno a uno. Porque empezaba la ofensiva, la contraofensiva de las Tres A, del Lopezrreguismo y la represión. Y en ese plenario de Villa Constitución en el año 1974, el partido tuvo un papel fundamental, ya que fue el que lo promueve, lo inventa, lo impulsa. Vienen todos, desde la interna de Ledesma, desde Laguna del Chocón, gente del SMATA de Córdoba. Todo lo que hubo de presencia y de inserción en el movimiento obrero a nivel nacional, todo estuvo allí. La discusión fue si de ahí surgía una coordinadora a nivel nacional, o si se quedaba ahí en un hecho que no tenía continuidad. Y ahí el hubo una política del PC y otras corrientes, que nos cantaban “No hinchen más las bolas con la coordinadora”. Porque nosotros cantábamos “Llegó la hora de la coordinadora”. Era el momento de constituir un embrión de dirección nacional que pudiera responder puntualmente a los ataques que iban a venir.

Y las otras corrientes, PC, creo que PTP, se opusieron. Fue un desperdicio. Y ese fue el punto de inflexión, porque ese encuentro le paró los pelos a la burguesía. Y a la vuelta de ese encuentro, es que empiezan los ataques a los gremios con una escalada. Empiezan a intervenir los gremios, y obligan a pasar a la clandestinidad a sus principales dirigentes. Y al no existir una coordinación nacional, no existe la posibilidad de dar una respuesta unificada. Y ese es el punto de inflexión.

Cuando se hace la lucha contra Rodrigo, ya es una lucha sobre una base defensiva, porque se había perdido gran parte de las conducciones de las fábricas más importantes. Si bien el ’75, y la lucha contra Rodrigo fue una lucha impresionante, desde el punto de vista subjetivo, al no haber hecho una coordinadora no permite que haya una conducción que pueda darle una perspectiva cuando el movimiento social irrumpe.

Las derrotas no vienen en el momento en el que se hacen visibles las derrotas. Se dan cuando se pierden oportunidades de crear un avance en la organización y en la conciencia. Y ese era el momento, fue el punto máximo de congregación. Eran miles los que dirigían algo. Y hay una voluntad expresa de que eso no quede en nada…

¿Qué reflejaba? Reflejaba que no querían romper con el peronismo.

 

 

La visita del Francés

Esa es una linda anécdota, porque también hace a lo que éramos. Hoy ser internacional es parte de la vida. Tener referencias, contactos internacionales. La globalización naturalizó que el mundo es uno. Pero en la década del ’70, el peso del atraso internacionalista era fuerte. Y construir un partido internacionalista, era una experiencia insólita. No solamente por lo que significaba tomar contacto con compañeros de otros países que venían, sino por participar de discusiones con otros países. Hoy está el mail, y otras cosas. Es parte de nuestra cotidianeidad. Pero en aquel momento nosotros éramos los que teníamos el centro en París. Perón denunciaba que había un monstruo cuya cabeza se gestaba en París, y la denuncia era contra la cuarta internacional. Ser internacionalistas era algo muy raro y de desconfiar. En el ’73, donde se hacía el balance de la guerrilla en América Latina. Lógicamente era un Congreso muy importante, pero además de pasarnos muchos meses, tratando de entender. Porque la mayoría de nosotros no había estado en ese debate con Santucho y con la guerrilla. Después vino un compañero de la LCR francesa, Benzaid, que es uno de los dirigentes máximos de ese partido. En ese momento era un muchachito recién salido del Mayo francés y vino a debatir con nosotros y a recorrer los distintos plenarios del país. Y nosotros no sabíamos debatir… nos preparábamos para la lucha. Nos pasamos varias semanas tratando de preparar nuestras intervenciones para el plenario. Claro, era todo un mito: había que discutirle al francés. Y en el fondo, para nosotros el francés era un imperialista. Era alguien que venía de un país imperialista, y que, por lo tanto, no podía entendernos. Pero significaba todo un conocimiento… una puerta al mundo.

Yo me acuerdo de la familia del “pollo”, y la mamá del pollo había prestado su casa para que se organizara un local del PST, en la primera época de la legalidad, ’73. Y, mientras todos los que estaban ahí discutían Sitrac – Sitram, ella tejía en un rincón. Tanto escuchó, que un día se paró en el medio de esas conversaciones, y dijo que ella también quería estar. Y terminó siendo uno de los pilares de esa zona. Y ella fue una de las que se paró a responderle al francés, y gritaba.

Bueno, pobre Benzaid, creo que se fue sin entender por qué le habíamos gritado tanto. Pero tenía que ver con una pelea muy grande que dio el partido por salir de la marginalidad. Moreno siempre decía que éramos un trotskismo bárbaro, por nuestro aislamiento. Y yo creo que él fue un tipo brillante en su capacidad de ver que no podíamos resolver nuestro terrible atraso como país y cultural si no era teniendo una formación más internacionalista. No era sólo un problema programático, era un problema de vida.

Y yo creo que me hice morenista en el exilio. Es decir, entro al partido en el ’71, pero me hice finalmente morenista en el ’80, cuando conocí personalmente a Moreno en París, trabajé con él y vi en persona el esfuerzo denodado que hizo porque no dejáramos de tener un contacto internacional. Porque aciertos y errores de nuestras corriente y sus alianzas internacionales no se explican si no es a partir de entender de la desesperación que Moreno  tenía para que fuéramos parte de un movimiento internacional. El hecho de que el trotskismo europeo nos hubiera dado la espalda con el apoyo a la guerrilla a él lo desesperaba por el desperdicio de la juventud que se inmoló en esa experiencia, pero además porque no quería dejar de formar parte de una discusión internacional que pudiera nutrirnos a nosotros como una vanguardia que no podía hacerse en lo internacional solamente. Siempre su vida fue un esfuerzo grande por buscar que no dejáramos de pertenecer a un movimiento internacional. Y en ese marco hay que entender algunas alianzas. Yo me acuerdo que una vez me dijo que él estuvo dispuesto a entregarle la dirección del partido a los franceses y al lambertismo, creyendo que el programa que habían firmado ellos, ellos estaban de acuerdo. Es decir, no tenía ningún problema de prestigio personal. El sustrato de esa desesperación, además del conocimiento de sus limitaciones de salud, sabiendo que por sus problemas podía fallecer en cualquier momento, como ocurrió en el ’87; lo llevaba a buscar desesperadamente que no quedáramos solos, aislados en el mundo porque eso iba a ser nuestra imposibilidad de desarrollarnos como revolucionarios con un pensamiento no vernáculo.

Era un tipo muy completo. Su pelea siempre fue una pelea contra un trotskismo ignorante de la realidad latinoamericana, soberbio. Porque el trotskismo europeo tenía un gran desconocimiento. Ellos llegaban, se bajaban de un avión y apoyaban a Santucho. Y después se bajaban de otro avión, y decían que había estado mal. Él decía que eran siempre corrientes que se apegaban a las modas en política.

 

El exilio

En el ’79 salgo y me voy a Italia. De ahí me voy a España, allá me ponen presa y me expulsan, y me mandan a Francia.

El hecho de ser internacionalista nos dio a nosotros la posibilidad de tener un exilio diferente, que no está pintado en ningún lado. Que fue distinto al de toda la guerrilla. Porque nosotros nos integrábamos al movimiento de masas de esos países, y formábamos parte de esas clases obreras y nos integrábamos a las luchas políticas de esos países. Yo estuve en España, me fui a trabajar a una fábrica metalúrgica, y formé parte de las luchas de los metalúrgicos del pequeño metal contra los procesos de reconversión industrial que hubo en ese momento cuando fue la gran desocupación en el pos franquismo (desde al ’79 hasta el ’81). Y, militábamos en un partido que se llamaba Partido Socialista de los Trabajadores de España. Y en ese momento matan a una compañera vasca muy jovencita al estilo de las Tres A, apareciendo acribillada. Los que firman ese asesinato se llamaban “Batallón Vasco Español”. Y tenía todas las características de las Tres A. En ese momento nuestro partido, que era un partido muy chiquito, hizo una campaña muy buena y muy grande, que provocó un revuelo en la vida política de España que culminó con la aparición de los asesinos materiales y también de los intelectuales. Fue parte de un manotazo que dio una de las alas franquistas de las Fuerzas Armadas, un manotazo tardío para tratar de frenar el proceso de democratización que se estaba dando en España. Y ese grupo quedó desarticulado, pero la compañera perdió la vida. En el medio, yo que tenía mucha actividad en una ciudad obrera en las afueras de Madrid, que era en la que yo vivía, me encarcelan. Y aunque no había nada desde el punto de vista legal para expulsarme (es más, mi caso fue muy denunciado, porque era ilegal la expulsión). Pero me expulsan para Francia. Después, con los años descubrimos que en ese momento los militares argentinos estaban asesorando a los militares de allá. Y la bronca y el ensañamiento conmigo fue porque yo había sido una exiliada argentina a hacer política allá. Y para los militares era algo intolerable en su foja de servicios: haber dejado en libertad un elemento que había ido a exportar ideas.

Después me fui a Francia, y ahí empecé a militar en el Movimiento de los Trabajadores Sin Papeles. Porque ahí había asumido el gobierno de Miterrand, el gobierno del Partido Socialista había ganado las elecciones. Y nosotros formábamos parte de un grupo trotskista que tomó como un perfil, que fue distintivo en relación al resto de la izquierda francesa, que era la defensa de los derechos de los trabajadores inmigrantes. Eso había sido parte de un debate que habíamos tenido en la IV Internacional desde hacía mucho tiempo, Moreno ya le había discutido a los partidos trotskistas su no compromiso con la lucha por los trabajadores inmigrantes. Que era la primera lucha de una corriente anti imperialista contra su propio imperialismo. Porque él decía que el primer deber de un revolucionario en un país imperialista, era luchar por los derechos de los trabajadores inmigrantes de su propio país. Porque era donde denunciaba con mayor claridad el carácter imperialista de ese país. Y, por lo general, las corrientes no lo tomaban. Y nosotros iniciamos ese trabajo. El primer movimiento de trabajadores sin papeles lo iniciamos mi compañero y yo, que era francés, con una huelga de hambre en París por el derecho de los sin papeles, que llegó a poner en la calle a más de 2.000 jóvenes negros sin papeles. Y cuando las damas parisinas vieron a esos 2.000 negros juntos marchando por las calles de París, se provocó un frío muy fuerte aún en la izquierda francesa. Que yo pienso que muchos de esos son los que hoy tienen sus hijos quemando autos. Cuando yo estaba allá era el año ’81. Los que consiguieron los papeles en ese momento, porque la huelga fue triunfante. Y conseguimos los papeles de miles, lo hicimos en unidad con un grupo de cristianos, que habían sido chicos misioneros de grupos cristianos en África. Eso pasa mucho en Francia, hay muchos sectores que tiene inquietudes desde lo humano, pero que no encuentran salida política. Y ellos nos dijeron que éramos muy raros, porque siendo militantes blancos, podíamos darle importancia a las problemáticas de este sector tan marginal que no tenía ningún peso electoral, ningún peso de nada. Y segundo, nos sabíamos relacionar muy bien con ellos. Claro, yo era mujer y blanca. Estaba todo en contra para poder establecer un vínculo con os inmigrantes negros de culturas sumamente machistas y atrasadas. Pero yo tenía dos cosas a mi favor que me permitían abrir las puertas de todas las casas de los inmigrantes, que vivían en hoteles todos amontonados, dormían tres por cama… Y yo entraba porque era argentina, y eso en ese momento era: la patria de Maradona, y la patria de los que enfrentaron a los ingleses en Malvinas. Y esos dos elementos me abrían las puertas, porque para ellos estaban presentes en estos dos símbolos. Y abiertas las puertas, nos sentábamos a comer en las grandes ollas comunes donde se comía todo con la mano. Pero a mí como era distinta, me daban cuchara.

Y creo que ese también fue un rol que cumplió el exilio argentino. Para las corrientes que supieron ser también internacionalistas en la recepción de las camadas trotskistas que fuimos de la Argentina, llevamos y pudimos transmitir nuestra experiencia en el trabajo con el movimiento de masas. Que era algo que a ellos les costaba mucho, no podían dialogar con un trabajador negro en una fábrica. Yo, la primera vez que salí a vender periódicos en una Plaza de Italia, vendí 25,  y eso que no sabía hablar italiano. Y todo el resto del grupo vendió cinco.

Después de nuestro trabajo con los sin papeles, el resto de las corrientes de izquierda también empezó a darle bola.

Las campañas internacionales por los presos de Argentina

En España se hacían las Fiestas de los Santos. Durante toda la época del franquismo hubo una represión tan grande, que la única manera de expresarse que tenía la gente, era en esas fiestas, como son los San Fermines de Pamplonas. Entonces se aprovechaba el santo para salir y hacer una gran fiesta, porque ni había vida política o social. También la izquierda participaba de eso como un hecho de descarga social. Durante la última época, el post franquismo, la izquierda empieza a participar de esas fiesta de manera ya no velada, sino orgánica, con sus casetas (que eran los stands). Ahí los partidos vendían su prensa, y vendían algo para hacer las campañas financieras. Y nosotros empezamos a montar las casetas del PST argentino en el exilio para la campaña financiera, y ayudar a los compañeros de Argentina. Entonces teníamos un equipo de compañeros que iban con su carrito ya montado, de santo en santo. Y nuestros stands eran muy populares e iba muchísima gente, no sólo porque nosotros éramos argentinos y querían escucharnos hablar sobre la dictadura, sino porque nosotros teníamos una especialidad: el chimichurri. Pero como no había mucha carne, y era cara, lo hacíamos con papas. Y era como EL plato.

El pueblo español tuvo una gran solidaridad con nosotros. De hecho, la gente se ponía unas etiquetas que salieron con la cara de Videla agredida, que decía “Solidaridad con los presos políticos argentinos, PST”

En París, se hacían todas las semanas marchas frente a la puerta de la Embajada, y era como una cita obligada. Y el que iba siempre a esas marchas era Julio Cortázar. Una vez fue Enrique Broquen, y entonces organizamos una charla, para que el exilio y los franceses conocieran la situación. La organizamos con varias fuerzas. Cortazar era una persona muy discreta, él daba su apoyo, pero no quería figurar, era un apoyo tan sincero y tan sencillo, que uno sabía que estaba, pero que andaba por algún rincón. Él venía como un ciudadano más a dar su apoyo. Y me acuerdo que cuando lo vi en esa charla que organizamos con Broquen, yo estaba tan emocionada, que no sabía cómo saludarlo. Entonces me acerco y le digo: “Mucho gusto, no lo conocía”. Lo que yo quería decirle, era que nunca lo había visto personalmente, que nunca había podido tener su mano entre mis manos… Y él se puso de pie y me dijo “Mucho gusto. Julio Cortázar”. Era tan humilde, que se presentó como si me hubiera dicho “Juan Pérez”.

 

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Acerca de Laura Marrone

Licenciada en Ciencias de la Educación (UBA) Trayectoria laboral: Profesora de Enseñanza Superior (2012-2018) Maestra (1984-2012) Cajera de venta de hamburguesas (París 1981-1983) Mucama de hotel (París 1981) Empleada en fábrica metalúrgica (Madrid 1979-1981) Bibliotecaria (1971-1976) Trayectoria política Fue Secretaria de Asuntos Pedagógicos de Ademys (2010-2013) Vicepresidente de UMP-CTERA (1985-1989) Exiliada política por estado de sitio (1979-1983) Militó en la Liga Socialista de los Trabajadores de Francia y en el movimiento de los inmigrantes sin papeles de París Militó en Comisiones Obreras de España, en la rama metalúrgica en Getafe, España. Fue expulsada de España durante el Tejerazo. (1981) Presa política de la dictadura (1976-1979) Delegada de nivel superior en la UEPC-CTERA- Córdoba (1973-1976) Delegada estudiantil en la Facultad de arquitectura (1971-1973) Ingresó a la corriente morenista a la cual perteneció hasta la actualidad 1971-2018 en sus diferentes organizaciones. PRT-La Verdad (1971-1972, PST (1972-1983), MAS,(1983-2004) Izquierda Socialista (2011 y sigue). Militante del movimiento tercer mundista del catolicismo en Córdoba (1969-1971) Escribió libros de texto para el nivel primario y secundario para Estudios Sociales y Formación Ciudadana. 2022 Autora del libro Memorias de las luchas por la educación (1943-1976) publicado por editorial CeHuS Artículos sobre política educativa.

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